Orden
Mañana recibo la orden sacerdotal y estoy muy nervioso. No es para menos, llevo diez años preparándome, masturbándome a escondidas y rezando el padrenuestro. Fue mi tía Desideria la que me indujo al camino de Jesucristo, yo igual no quería, o sea, si quería, pero leer la Biblia desde las siete de la mañana no era muy entretenido. En invierno mis primos jugaban en la lluvia, yo los veía de la ventana de mi pieza como saltaban y se embarraban y me daba envidia, mucha envidia, pero Jesús dijo que la envidia es mala, porque corroe el corazón. En el colegio no era muy distinto, mi profe de religión me abrazaba y me daba besos, me decía que yo estaba bendito, era gorda y no se bañaba muy seguido. Yo creo que me decía eso porque como quiso ser monja, pero la embarazaron, veía en mí la realización de su sueño frustrado por un espermatozoide. Hace frío y sigo nervioso. Mañana se cumplirán mis sueños, aunque no será todo como esperaba. Al Gutiérrez también lo van a ordenar, yo había conversado con el Obispo para que no nos ordenaran juntos porque el Gutiérrez nunca me ha caído bien, tiene aires de Papa. Eso le dije al Obispo. Pero me retó, me dijo que no era bueno odiar. Pero yo no le creí mucho porque de inmediato me acordé del cura Antonio que fue excomulgado porque, supuestamente, habría ido a atestiguar por un caso de tortura en el gobierno militar. El Obispo lloró cuando murió el Pinochet. Siempre hablaba mal de los comunistas, una vez, antes de que fuera Obispo, le tocó presidir una misa fúnebre, nadie le había avisado que el muerto era del FPMR. Cuando empezaron a entrar señoras vestidas de rojo, cabros con guitarras, y cuando por los parlantes empezó a sonar el Víctor Jara, ahí recién cachó que estaba en el lugar equivocado. Yo vi la cara que puso. En esos tiempos yo era sacristán, estaba chico, pero yo tengo buena memoria. La misa se acabó súper rápido. Cuando salió toda la gente, el cura se acercó y me dijo que esos tontos weones se van directo al infierno. Yo me asusté, porque jamás había escuchado antes a un cura decir garabatos. De hecho, en esos tiempos yo pensaba que a los curas no se les paraba y que no se tiraban peos. Pero no es así. ¿Vendrán mañana mis tíos de Australia? Mi mamá me dijo que tenían mucha plata. Mi mamá siempre anda preocupada de eso, de hecho cuando les dije que quería ser cura ella fue la que se puso más contenta porque como dice ella “en toda familia de bien debe haber un cura”. Espero que mis tíos de Australia vengan con la Sofía. Cuando éramos chicos y ellos todavía vivían en Chile, la Sofía se metía en mi pieza a mostrarme los calzones, teníamos como doce años, yo quería tocarla pero salía corriendo y se reía de mí. Mañana a esta misma hora seré cura, podré bautizar guaguas, casar parejas y darle la primera comunión a los pendejos. Lo que menos me gusta hacer es dar la hostia, sobre todo a los pobres, porque a veces tengo que verles los dientes picados y oler su mal aliento. Lo que más me gusta hacer es confesar. Cuando recién entramos, con el Aguirre nos íbamos a escondidas a la capilla y jugábamos a confesarnos. Él me contaba puras cosas terribles, que había matado a un cabro chico, que se había violado a su mamá, que invocaba al diablo, todas esa cosas. Yo también inventaba cosas. Una vez me pillaron bailando en pelotas en el altar. El Aguirre tocaba el órgano y el Errázuriz se puso un paño en la cabeza y se creía la Virgen. Yo creo que el Gutiérrez nos acusó. Desde esa vez, nunca más pudimos entrar copete porque nos revisaban hasta el último rincón. Pero el Aguirre siempre se las ingeniaba para entrar pitos. Ellos no siguieron. El otro día me contaron que el Errazuriz había muerto. Igual me dio pena porque me caía bien. Del Aguirre nunca más supimos algo, pero yo creo que debe estar bien, con muchos hijos. Ya, mejor paro de pensar cosas que mañana me ordenan y por fin se cumplirá mi mayor sueño.



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