Miedo
“!Tengo miedo¡” “¿Qué mierda hice?” le grito a Nelson. “¡Vomita, weón, vomita!” me responde. Miro mis piernas, ya no son mías. “¡Muévanse!” Les ordeno. Obedecen. Me paro y afirmado a la pared camino hacia el baño. Levanto la tapa del water y me meto los 5 dedos a la boca. Mi úvula no responde. Miro hacia atrás y la puerta ya no está. “Sáquenme de aq…” alcanzo a exclamar. Cierro los ojos. Aparecen terremotos y tormentas. Los abro, ahí está la puerta. Salgo del baño y no reconozco la casa. Camino hacia al living. Nelson me mira con cara de terror. Ismael se acerca y me estira una copa de vino. Solo puedo mover la cabeza. “¿Qué te pasa weón”? me pregunta Ismael. “F…”, “Flo…” y la voz apenas me sale. “¡Este weón se tomo un té de floripondio!” acusa Nelson. Las paredes tiritan. Las cortinas se sacuden violentamente. El piso es de agua. El televisor crece y crece. Apenas puedo escuchar. “Saquémoslo de aquí” dice Nelson. Afuera los perros me ladran. Uno me muerde. No me duele. Las luces de la calle son rojas. Adiós conciencia. Vuelvo. La luna es azul. Hay mucha gente a mí alrededor. Son mis amigos. “táh weno el carrete” les cuento. Nadie responde. Miro mis manos y mis dedos ya no están. Caminan por el suelo. Intento atraparlos pero son más veloces que mí. Negro. Despierto. Estoy sentado. Al lado mío está Nelson. Veo la hora en mi celular, pero sólo veo luz. Algo raro se mueve a mi lado. Lo alumbro con mi celular. Es una iguana gigante con escamas acuosas. Grito y empiezo a correr. Inconciencia. Luz. Estoy en una jaula. Intento escapar a través de las barras. Miro hacia el cielo y la luna es verde. Aparecen nieblas y perros que me dicen que me vaya. “No puedo porque estoy atrapado” les digo pero parece que no escuchan y siguen hablando. “Cállense perros culiaos” les grito. Pero siguen hablando. Hablan todos al mismo tiempo y no entiendo nada. La jaula desaparece. Se apagan todas las luces. Me voy a mi casa. Despierto. Estoy sentado en una banca. “Anda a acostarte mejor” alguien me habla, le obedezco y camino lentamente. Estoy en mi pieza. Comienzo a desvestirme. Me acuesto. Apago la luz naranja. En las paredes se dibujan formas extrañas que se mueven. A veces toman formas reconocibles: humanos, animales, plantas. Cierro los ojos, pero es inútil. Las formas siguen ahí. Despierto. Es de día. Miro la hora en mi reloj pero no distingo las agujas. “¿Donde las perdí?” me cuestiono en voz alta. Reviso el celular, pero no veo ni números ni letras. Voy al espejo y descubro mis pupilas dilatadas. Veo algunas luces y cosas extrañas que pasan por el suelo. Pero el resto está todo normal.



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