Let's Pretend We Don't Exist.

Wednesday, February 20, 2008

Docenas
Y el viento tenía la razón. Porque la gente se comporta distinta cuando está sola, se tocan, se observan, se masturban, piensan, desean, imaginan. Y el ruido de las máquinas retroexcavadoras continúa. Zumbando, como abejas gigantes. Y mi padre siempre mentía. Pero es que nadie escucha a los árboles. Cuando los chanchos vuelen, cuando las vacas hablen, cuando las gallinas meen y cuando los patos bailen. Gritaré. Debajo de aquel árbol que en otoño se desprendía de sus hojas. Y el sol estaba en lo alto. Quizás hoy no sea el día. Y las patas de la vieja tiritan al caminar. La mirada ploma. El bastón mugriento. La cartera vacía. Y la historia de la vieja que tuvo nueve hijos. Todos hombres. Traicioneros. Vagabundos. Que se fueron por los cerros robándolo todo. Matando incluso a esa pobre gente que todos los días meten las patas en el barro hasta las rodillas. Recogiendo almácigos, que más tardes serán cebollas, y más tarde empanadas, y más tarde mojones o vómitos. Y el barro es helado en invierno. Y la gente que no para de rezar, ni de hablar sola, ni de mirarse en el espejo, ni de masturbarse, es que el viento tiene toda la razón.


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